martes, 9 de septiembre de 2014

135 FORMAS DE ALIENACIÓN Escrito por Carlos Aurelio Caldito Aunión.


Vean a continuación una lista de más de cien tácticas empleadas para tratar de manipular a un hijo, o hija, contra su padre o madre...


1. Poner obstáculos a las visitas, tiempo de estancias y comunicación con el padre no custodio, incluso aunque el hijo lo pida de forma insistente...

2. Denigrar al otro padre delante de cualquiera que escuche, incluidos los niños, incluida la familia extensa, o los abuelos, tíos, primos,... o nombrando al padre de manera despectiva delante del niño.

3. La presentación de denuncias de malos tratos y/o abusos contra el progenitor no custodio, y hacerle comparecer ante los tribunales constantemente acusándole de que no cumple con su deber de manutención infantil o el abono de la pensión alimenticia.

4. Impedir por todos los medios cualquier contacto de la familia extensa del otro progenitor con los hijos, o de amigos que no tomen partido por el progenitor alienador...

5. Obstaculizar por todos los medios a su alcance la comunicación con los niños, incluido el boicot para impedir que el progenitor no custodio acceda a la información referente a la estancia de los hijos en los centros de estudio, y reuniones y eventos de toda clase, que tengan relación con los hijos.

6. Impedir las visitas y estancias cuando el ex cónyuge no puede pagar la manutención de los menores, o se produce alguna demora en el pago.

7. Constantes manifestaciones de odio y de venganza respecto del ex-cónyuge, en presencia de los hijos.

8. Negarse a revelar su domicilio.

9. Negarse a informar al otro progenitor –el no custodio- sobre cuestiones médicas o de salud referentes al hijo.

10. Referirse continuamente al niño como exclusivamente suyo, y no de los dos padres...

11. Impedir las visitas, estancias, comunicación con el progenitor no custodio, con el pretexto o argumento de que el hijo no quiere ir con el otro progenitor, y utilizar la excusa de que no van a ir a la fuerza...

12. Obstaculizar o incumplir cualquier orden de los tribunales, sea cual sea la resolución judicial de que se trate... (generalmente el progenitor alienador suele contar con la “complicidad-condescendencia-tolerancia del tribunal de familia...”)

13. Mudar a los niños de su domicilio habitual, para ponerlos lo más lejos posible de su padre, de manera relación con él, y el régimen de comunicación y estancias sea casi imposible.

14. Llamar por teléfono a la casa del progenitor “alienado”/víctima multitud de veces al día, o bien dejar mensajes desagradables o simplemente “perturbadores”.

15. Presentarse por sorpresa, los días que el hijo le corresponde estar con el otro progenitor –el no custodio- en un lugar público y zarandear, empujar, humillar, o simplemente tratar de intimidar al padre delante del niño.

16. Hacer que el niño se sienta emocionalmente responsable de la felicidad de los padres, para que el niño tome una actitud de protección (y tome partido, provocando así un conflicto permanente de lealtades...) respecto del adulto, haciendo que el niño vea al progenitor alienador como víctima del otro padre,...

17. Mentir constantemente a los niños acerca de todo lo concerniente a las cuestiones judiciales referentes al divorcio, la separación de bienes, liquidación de gananciales, custodia de hijos o cuestiones semejantes.

18. Hacer que el niño se sienta incómodo cuando tenga que hablar acerca de sí mismo, de su relación con sus padres, etc. delante del mediador familiar, o cualquier funcionario.

19. Nombrar al padre de su hijo por su nombre de pila, y no referirse a él nunca como papá o mamá...

20. Impedir que los hijos puedan hablar por teléfono con el progenitor no custodio, llegando a estropearlo, cambiar el número de teléfono, decir que ya están durmiendo, o que no están casa, etc.

21. Hacer participar a los hijos en las disputas ente los tribunales, hacerlos comparecer ante el juez, etc...

22. Obligar a los niños a que llamen al nuevo compañero o compañera (según se trate) del padre alienador "mamá o papá".

23. Predisponer, manipular, maliciosamente a los hijos cuando el padre no custodio inicie una nueva relación...

24. Procurar que los niños nunca llamen a un padre (no custodio) "mamá" o "papá".

25. Colgar el teléfono –en presencia de los hijos- si la conversación no sigue el cauce que el papá alienador desearía...

26. Escuchar y espiar al hijo cuando habla con el progenitor no custodio, instruyendo a los niños sobre qué deben decir y cómo deben responder al progenitor no custodio,...

27. Premiar a los hijos cuando cumplen con sus órdenes respecto al “maltrato” que debe recibir el progenitor no custodio...

28. Evitar la presencia del progenitor no custodio, en las actividades de los niños, sea en el colegio u otros lugares...

29. Negarle al otro progenitor cualquier clase de comunicación e información, sea a través de fax, correo electrónico o carta, para que el mismo esté lo menos informado posible en todo lo concerniente al hijo...

30. Esperar hasta el último momento para informar al otro padre de la necesidad de cambios en las visitas, o los turnos de estancias, vacaciones, etc.

31. Manifestar constantemente que él/ella es el único que posee el derecho a decidir sobre las estancias y visitas de los hijos con el otro progenitor, a la vez que insiste (todo ello en presencia de los hijos, por supuesto) en que los niños deben ser devueltos con absoluta puntualidad, y con la amenaza permanente de denunciarlo si el hijo es devuelto con retraso...

32. No proporcionar ninguna información a los padres acerca del día a día de los hijos, a la vez que se insiste en saber con exactitud todo lo concerniente a los hijos cuando están con el otro progenitor...

33. Optar por pagar a otras personas para que cuiden a los hijos, o contratar algún servicio de guardería, en lugar de recurrir al otro progenitor que sería más adecuado para todas las partes.

34. Pretextar que el niño está demasiado enfermo para evitar que vaya con el padre no custodio, o evitar que éste lo visite.

35. Repetir constantemente que el otro progenitor no es capaz de criar al niño, ni educarlo "adecuadamente"

36. Hacer que el niño se sienta culpable por querer ver a su otro progenitor

37. Impedir por todos los medios a su alcance, que el otro progenitor tenga contacto con "profesionales" que guarden relación con el hijo o con él/ella mismo.

38. No permitir a los niños a participar en actividades, en las que pueden entrar en contacto con los niños que tengan relación con el otro progenitor.

39. Dar “instrucciones” a la escuela para que el otro progenitor no sea tenido en cuenta, “porque el otro papá no es de fiar”; o dar información falsa acerca del convenio regulador, o sembrar dudas acerca del otro progenitor, o decirle a la dirección del centro de estudios que el otro padre les ha mentido acerca de las visitas y estancias con el hijo,...

40. Dar información falsa o engañosa, si el progenitor alienador se ve acorralado y se siente obligado a proporcionar la información que le sea solicitada por las autoridades, o por los tribunales, o por los Servicios de Protección a la Infancia.

41. Supervisar, tutelar, tomar el control absoluto de la “vida social” de los hijos.

42.. Obligar en exceso a que los hijos mayores cuiden a sus hermanos más pequeños, incluso cuando no son del mismo padre, para así poder tener un pretexto para alejarlos del padre biológico, y evitar que vayan con él, o boicotear las actividades que el padre no custodio tenía programadas.

43. Contar a los niños detalles que son 'obviamente', descaradamente falsos acerca de la separación / divorcio, de forma que el niño se sienta inmerso en un conflicto de lealtades, disminuya la capacidad de amar al otro padre,... Contarle embustes tales como que papá gasta todo su dinero en sus amigas, así que, luego no puede permitirse el lujo de llevar a su hijo de campamento.

44. Involucrar a los niños en todos los aspectos relativos a la separación, el divorcio, y sobre todas las cuestiones legales, con el argumento de que el niño tiene "derecho" a saber todo lo que está sucediendo

45. Afirmar allí donde sea posible, que el ex cónyuge está procurando establecer y mantener una relación de dependencia para así seguir victimizando al padre o madre al¡enador... Decir que está constantemente espiando, acechando, abusando, entrometiéndose en su vida privada, e incluso forzar las cosas hasta el extremo de lograr la colaboración de la policía... Presentación de falsas denuncias de abusos, falsas denuncias de acoso y en repetidas ocasiones a los organismos de protección infantil, la policía, etc.

46. Alentar a los niños para que apoyen su versión, y mientan ante las autoridades, sobre la forma en que son tratados cuando están con el otro progenitor,... sobre todo, cuando los malos tratos, el descuido, la “mala educación”, el desamparo, a la inversa.

47. Empujar al niño a que tenga una actitud desafiante, “se ponga en huelga”, no obedezca al otro progenitor, no cumpla con las normas más elementales cuando está en presencia del otro progenitor.

48. Organizar "actividades" de manera premeditada, especialmente atractivas para los niños, en los momentos previos a la llegada del padre no custodio, y así poner en conflicto a los hijos, y forzarlos a decir que no desean ir con su padre... O con la familia extensa del padre...

49. “Sobornar” a los hijos para evitar que los niños tengan la tentación de ir con su padre, a la vez que se consigue que el niño se sienta culpable por querer estar con el padre no custodio...

50. No permitir que los niños tengan en casa, fotos u otros objetos que les hayan sido proporcionados por el otro progenitor.

51. Llegar a destruir cualquier clase de regalo que le haya hecho el padre a su hijo... especialmente cuando el niño regresa de haber estado con su padre y vuelve especialmente contento por el regalo que ha recibido, y los buenos ratos que ha pasado con su padre...

52. Negarse a que el hijo lleve a casa los regalos que le hace el padre no custodio...

53. Rechazar, también, los regalos que provengan de la familia extensa del otro progenitor... argumentando que no son buenas personas, o que son “demasiado baratos” o que no son de buena calidad, que no valen para nada, que son estúpidos...

54. Manifestar delante de los hijos que el padre “pretende comprar su afecto, su amor, haciéndoles regalos”...

55. Cambia el apellido (e incluso el nombre) del hijo cuando aparece “un nuevo padre”, el nuevo o la nueva compañera del padre alienador... Todo ello, sin pedirle permiso, o informar al padre biológico...

56. Negarse a levantar / descolgar el teléfono cuando el niño le llama desde el domicilio del otro progenitor, cuando al hijo le corresponde estar con el otro padre...

57. Insistir en que cuando el niño está con el ex cónyuge, él/ella tiene todo el derecho del mundo a mantener contacto telefónico con el niño, y sin embargo, por el contrario no permitir que el padre no custodio lo tenga, cuando está en su domicilio habitual...

58. Cambiar el número de teléfono, o desconectarlo, sin avisar al progenitor alienado...

59. Decirle al hijo que le puede pasar “algo” cuando vaya con su otro progenitor, insinuarle maliciosamente que puede ocurrirle cualquier cosa si permanece con él...

60. Exigirle al padre no custodio que pague determinados “gastos extraordinarios” supuestamente relacionados con la crianza y la educación de los hijos, gastos que en realidad son un lujo, un capricho, o simplemente innecesarios...

61. “Mal informar” a los niños de que no pueden tener 'llaves' u otros objetos esenciales, imprescindibles, por culpa del otro progenitor, que es el que debe costear tales gastos, y no está dispuesto a pagar por ello.

62. Negarle al hijo cualquier petición que haga de pasar más tiempo con su papá, sea cual sea el motivo, e incluso aunque se trate de una “ocasión especia”...

63. Negarse a enviar al niño al colegio, en determinadas ocasiones, para eventos de los que el padre no custodio tenga conocimiento, y los que tenga intención de asistir...

64. Desviar parte de la pensión de manutención de los hijos, o incluso la totalidad del dinero, para gastos que nada tienen que ver con los niños.

65. Decirle al hijo, de forma premeditadamente maliciosa, que no debe comportarse tal como se comportan otros niños, y dejar caer que así es como se comporta, también, su otro progenitor...

66. Hacer especial hincapié en los rasgos físicos en general y los rasgos faciales en particular que son similares a los del padre custodio y los de su familia de origen, e ignorar o negar cualquier parecido con las características del otro progenitor y su familia extensa... E incluso denigrar lo que es evidente, e innegable, cuando son similitudes o afinidades con el padre no custodio.

67. Criticar que el padre no custodia tenga alguna mascota, hacer observaciones maliciosas respecto de la relación del otro papá con los animales, y por el contrario mostrar contento por tenerlas en su propio domicilio, o manifestar que está dispuesto a tener alguna mascota...

68. Cambiar de domicilio, sin proporcionar detalles al otro progenitor antes de la mudanza.

69. Ocultar al otro papá el trasladado y negarse a proporcionar detalles al otro padre, si éste acaba pidiendo información.

70. Permitir que el hijo vaya “con malas compañías”, o frecuente a personas respecto de las que el progenitor no custodio no ha dado su aprobación, permitirle a determinadas personas tener contacto con el niño, especialmente cuando el otro progenitor tiene motivos razonables para estar preocupado, sea por ser sospechoso de violencia doméstica, abuso demostrado, o conducta calificable de algún modo como delictiva...

71. Someter al niño a intervenciones quirúrgicas innecesarias, sin el consentimiento previo, o sin el consentimiento del otro progenitor, cuando hay pruebas de suficiente peso que recomiendan lo contrario...

72. Coaccionar al otro padre, intentar chantajearlo, mediante amenazas de todo tipo, extorsionarlo, para obligarlo a firmar determinados documentos judiciales, de manera que se excluya al progenitor no custodio de la vida del hijo, o para obtener alguna mejorara/ventaja en las disputas en los tribunales, sea por la custodia, sea para restringir las estancias y la comunicación con los hijos, sea en el reparto del patrimonio acumulado durante la convivencia...

73. Manifestar abiertamente, en presencia de los hijos, que su mayor deseo sería que su padre estuviera muerto, o sufriera algún tipo de desgracia, algún accidente...

74. Lo mismo que lo anterior, pero respecto de la familia de origen del otro progenitor, de sus amigos, etc. Expresar sin tapujos que se alegraría enormemente si se accidentaran y quedaran malheridos o con alguna secuela importante.

75. Presionar a los hijos para tratar de convencerlos de que cambien de religión, o tratar de evitar que practiquen el culto en el que hasta entonces habían sido educados.

76. Decirle al niño que no puede ver al otro progenitor, o ir con él en el periodo previsto, ya que se ha retrasado en el pago de la pensión de manutención.

77. Ser injustamente grosero/a, no tener trato cordial y negarse a colaborar con el nuevo compañero, o la nueva compañera del ex cónyuge, aún a sabiendas de que esto ira en perjuicio del niño...

78. Negarse a proporcionar apoyo en todo aquello que tenga relación con la salud mental para del hijo, pese a que haya pruebas suficientes que apoyen la idea de que el hijo necesita algún tipo de atención especializada...

79. No permitir que el hijo participe los fines de semana en actividades deportivas, o de otra clase, para “castigar” de esa manera al progenitor no custodio, u organizar actividades coincidentes con el tiempo de estancias con el otro progenitor, para así provocar conflicto de lealtades, y restarle tiempo de estar con el otro papá.

80. Manipular, o influir de todas la manera a su alcance sobre funcionarios, especialistas y profesionales para que actúen en una determinada dirección (contraria a los intereses del otro papá) o para que informen a su favor para perjudicar a la otra parte... Incluso desfavoreciendo a los hijos.

81. Engañar, mentir u ocultar información o pruebas para conseguir su beneficio, y castigar de paso al otro padre, aunque perjudiquen de paso a su propio hijo.

82. Falsificar, alterar o manipular documentación oficial para perjudicar al otro progenitor, y en beneficio propio, o para lograr ventajas procesales..

83. Presentar declaraciones falsas y engañosas a la policía para perjudicar al otro progenitor

84. Mostrar ira, humillar, maltratar de forma verbal al otro padre en presencia del niño y/o de un tercero.

85. Obligar al hijo a que redacte algún escrito denigrando o perjudicando a su padre..

86. Alentar a los niños para que denuncien a su padre, para así conseguir ventajas procesales en las disputas por la custodia o para limitar las estancias o la comunicación con el padre no custodio..

87. Amenazar o intimidar a los hijos, para que permanezcan en silencio respecto de incidentes de los que los niños hayan sido testigos, para conseguir que se le conceda la custodia exclusiva, o se restrinja o limiten las estancias y la comunicación con el otro papá.

88. Amenazar o castigar al niño cuando dice cosas positivas acerca del otro padre.

89. No permitir que al niño se le realicen pruebas de ADN, cuando lo solicite el otro progenitor.

90. Provocar alienación entre los hermanos cuando alguno aún apoya al otro padre, o no se suma a la labor denigratoria promovida por el padre alienador...

91. Decirle al hijo que su padre que no lo quiere, que no le tiene amor, o que el otro papá desearía que no hubiera nacido...

92. Hacer partícipe al niño de detalles íntimos relacionados con el matrimonio, detalles inadecuados para su edad, con la clara intención de predisponerlo contra el otro progenitor, y que al fin y al cabo acabarán desequilibrando al hijo...

93. Negarse a administrarle al hijo los fármacos que el médico le había recomendado, si el niño enfermó cuando le tocaba estar con el otro padre...

94. Insistir de forma machacona, con reiteración en que la familia extensa del ex cónyuge, no son buenas personas, y que su única y verdadera familia es la suya...

95. Decirle al hijo que desde que su padre, se echó una nueva novia, dejó de ser importante, dejó de amarlo...

96. Decirle al hijo que su otro papá ama más a sus “otros hermanos”, a los hijos habidos en su nueva relación, y que él ocupa un lugar secundario...

97. Denigrar todo lo que el otro papá diga respecto a cuestiones convivencia les, de disciplina, etc. y las actividades que su otro papá organiza o emprende con el hijo...

98. Insinuarle de forma maliciosa al hijo, que si sigue yendo con su otro padre, los hijos de la nueva relación, o la nueva compañera de su papá acabarán haciéndole daño...

99. Denunciar falsamente, que cada vez que el hijo va con su papá, y los hijos de la nueva relación, regresa con lesiones leves (o no tan leves) golpes y contusiones.

100. Criticar el corte de pelo, cuando quien llevó al hijo a la peluquería fue el otro progenitor,..

101. Solicitar intervención médica para enfermedades menores (exigir, por ejemplo, el uso de antibióticos para simples resfriados) e incluso provocar lesiones mayores.

102. No tener en cuenta los consejos de los profesionales médicos que no simpatizan con “su causa”.

103. Enviar al hijo con la ropa dañada (cortes, desgarros o manchas) cuando va al encuentro del progenitor no custodio...

104. Permitir que el hijo realice, tras la separación, determinadas actividades a las que anteriormente se negaba, y responsabilizar al otro papá de que el hijo no pudiera realizarlas...

105. Impedir que el hijo asista a fiestas de los hijos de los amigos del otro padres.

106. Decirle al hijo que su papá esta loco, o tiene algún problema de salud mental,...

107. Decirle al hijo que su padre tiene antecedentes de abuso o maltrato a otros niños...

108. No permitir que el hijo se someta a cualquier clase de evaluación médica o psicológica, sin estar él o ella presente.

109. Decirle al hijo que vino a este mundo pese a la oposición del otro progenitor, y que su papá se opuso al embarazo, y que presionó para que abortara

110. Insistir en que la familia del papá se opuso al embarazo, que no aceptó nunca que viniera a este mundo, y que presionó para que abortara...

111. Culpar al otro progenitor de que desde la separación haya disminuido la calidad de vida de ella y de sus hijos, y que es culpa de papá que los alimentos sean de inferior calidad, la casa menos confortable, etc. pese a que el papá no custodio cumpla escrupulosamente con sus obligaciones de manutención...

112. Añadir a lo anterior, que para más desgracias, su papá tiene una nueva compañera, y nuevos hijos que les están robando alimentos, confort, etc.

113. Mostrar enojó cuando el hijo expresa deseo de ver a su papá, o hablar con él por teléfono.

114. Mostrar enfado cuando el niño informa a la madre / padre de que en el colegio se van a realizar actividades que de algún modo se centran en el otro progenitor (día del padre, día de la madre, trabajo del padre, trabajo de la madre, o cosas similares)

115. Enfadarse cuando el niño expresa su deseo de que su papá tenga más contacto con la escuela, los maestros, amigos, etc

116. Cambiar al hijo de colegio, y apartarlo de su grupo de amigos, sin causa de ninguna clase, para alejar al niño de su padre...

117. Decirle al hijo que su papá es más feliz desde que ya no vive allí, que representa una carga para su papá...

118. Decirle al hijo que su papá no lo quiere, y que no va a volver a verlo nunca más…

119. Acusar al hijo de causar divisiones entre los papás, y de ser el causante de la ruptura del matrimonio.

120. Acusar al otro progenitor de infidelidad en presencia del hijo.

121. Escribir cartas dirigidas al hijo, simulando que el remitente es el otro progenitor...

122. Engañar a los niños, haciéndoles creer que su papá se ha despreocupado por completo de ellos, hasta tal punto de que no envía cartas, ni regalos, ni dinero

123. Insistir en que el niño se refiera sólo al otro padre utilizando términos despectivos e insultantes

124. Negarse a proporcionar información médica vital relativa al hijo, poniendo de este modo dificultades para que el niño sea atendido con prontitud, y de la forma adecuada: ocultar que el hijo está recibiendo algún tipo de tratamiento, o es alérgico a algún medicamento...

125. Atribuir el fracaso en las actividades escolares y estudios a la mala influencia, o a la desatención del papá no custodio

126. Acusar al otro progenitor de tener descuidado a su hijo.

127. Consumir drogas, cigarrillos, alcohol, etc. y culpar al ex cónyuge de las adicciones, por supuesto en presencia del hijo

128. Impedir que los hijos tengan muestras de afecto cuando se despiden de su papá, al terminar sus visitas o las estancias, o impedir que digan adiós después de recibir una llamada telefónica, o que sean cordiales...

129. Permitirse lujos, caprichos que se le niegan al hijo, y culpar al padre no custodio de “sus problemas financieros”..

130. Hacer gestos o comentarios despectivos delante del hijo, cuando el otro progenitor está presente.

131. Acusar al otro papá de estar incurriendo en alineación parental, con su comportamiento.

132. Acusar de abuso o de maltrato a la nueva compañera de papá

133. Ampliar las acusaciones de abuso a la familia extensa del otro progenitor.

134. Atribuir la acusación de maltrato, o de abandono, o desatención al hecho de que papá tiene una nueva compañera y nuevos hijos...

135. Incitar y empujar al niño a que se niegue a dar regalos, o a que no muestre las notas de clase, o mostrar sus dibujos/ pinturas / cartas a su papá, la nueva pareja, los hijos de la nueva pareja, o a la familia extensa....



Este tipo de actuaciones es ya un instrumento muy usado para ganar la custodia en España. Una madre que obstruye o interrumpe la comunicación y las estancias con el otro progenitor incurre en delito de desobediencia, y podría ser sancionada. No hay precedentes de que esto llegue a ocurrir nunca en nuestro país, el Juzgado dirá que esta medida no beneficiaría al niño... Para evitar problemas, la madre dirá que “El chico no quiere ver a su padre”. Un funcionario del Juzgado (del Gabinete Técnico Psico-social, por ejemplo) entrevistará al hijo e informará que él ha confirmado que no quiere ver al padre. Los deseos del chico serán tomados en consideración y se pararán las visitas. La madre estará salvada, el juzgado dispondrá de una “coartada legal”.

El padre perderá probablemente el contacto durante muchos años, hasta que el chico sea lo suficientemente mayor para ser independiente de la madre.

Escrito por Carlos Aurelio Caldito Aunión.

- Para saber más: “S.A.P. HIJOS MANIPULADOS POR UN CÓNYUGE PARA ODIAR AL OTRO”, José Manuel Aguilar Cuenca, Edit. Almuzara. 2004.

viernes, 8 de agosto de 2014

"LA TERRORISTA FAMILIAR" de Erin Pizzey

Trabajando con mujeres violentasLa "terrorista familiar"
Erin PizzeyFuente: http://www.azulfuerte.org/

Aquellos de nosotros que trabajamos en el campo de la violencia doméstica nos enfrentamos diariamente con la difícil tarea de trabajar con mujeres dentro de familias problemáticas. En mi experiencia con la violencia familiar, he llegado a reconocer que hay mujeres implicadas en relaciones violentas de carácter físico y/o emocional las cuales muestran y exhiben trastornos más allá de lo esperado (y de lo aceptable) en una situación de estrés. Estas mujeres, motivadas por profundos sentimientos de venganza, rencor y animosidad se comportan de una manera particularmente destructiva; destructiva para ellas mismas pero también para los restantes miembros de la familia, de tal manera que complican una situación familiar, ya de por sí mala, en algo mucho peor. He considerado justificado describir a estas mujeres como "terroristas familiares". Mi experiencia me dice que los hombres también son capaces de comportarse como "terroristas familiares", pero la violencia masculina tiende a ser más física y explosiva. Disponemos de miles de estudios internacionales sobre la violencia masculina pero hay muy pocos sobre el porqué y el cómo de la violencia femenina. Pareciera como si hubiera una conspiración de silencio sobre las enormes cifras de la violencia ejercida por las mujeres. Como el "terrorismo familiar" es una táctica ampliamente utilizada por las mujeres con las que he trabajado en el campo de la violencia doméstica, enfocaré este problema discutiendo solamente mi trabajo con mujeres.

La potencial capacidad para los comportamientos terroristas podría permanecer latente durante muchos años, manifestándose en toda su plenitud sólo bajo ciertas condiciones. He encontrado que, en muchos de los casos, es la disolución o la amenaza de la disolución familiar la que pone de relieve la destructividad terrorista. Resulta esencial comprender que anteriormente a la disolución familiar la potencial terrorista juega un papel en la familia que no es, en absoluto, pasivo. La terrorista es el miembro de la familia cuyos estados de ánimo se imponen a la familia, cuyos caprichos y acciones determinan el clima emocional del hogar. En este escenario la terrorista podría ser descrita como la "tirana" familiar, la que mantiene el control y poder sobre las emociones de todos los otros miembros. La familia bien podría ser caracterizada como violenta, incestuosa, disfuncional e infeliz, pero el principal responsable del inicio de los conflictos es la terrorista o la tirana que impone sus arrebatos histriónicos en las situaciones de calma, o (de modo invisible o más sutilmente) que calladamente manipula a los otros miembros a través de sentimientos de culpabilidad o de astutas e imperceptibles provocaciones. (La terrorista silenciosa y manipulativa es, muy a menudo, la terrorista que mejor pasa desapercibida. A través de la creación de una continua confusión, esta terrorista puede, virtualmente, llevar a otros miembros de la familia al alcoholismo, a las drogas, a comportamientos explosivos e incluso al suicidio. Por consiguiente, los otros miembros de la unidad familiar, son erróneamente considerados como "el problema de la familia", al tiempo que la discreta terrorista es percibida como una santa mujer "que tiene que aguantarlo todo".)

Mientras la familia permanece "unida", en una desdichada unión más que en una verdadera unidad, la terrorista mantiene su poder. Sin embargo es, a menudo, la separación de la familia la que compromete el dominio de la terrorista y, consecuentemente, la reducción de su poder. Es pues, por consiguiente, la disolución familiar, el momento en que, más a menudo, la terrorista se siente más amenazada y más sola y por lo tanto es más peligrosa.

Es en esta situación de temor en la que la terrorista se propone la consecución de una meta determinada. Existen numerosos objetivos para la terrorista incluyendo: la reunificación de la familia otra vez, o asegurar que los niños (si hay niños en la relación) permanezcan bajo su control, o la activa destrucción emocional, física o financiera del esposo o del ex-esposo. Cuando fue evidente para Adolfo Hitler que ganar la guerra era imposible ordenó a las tropas que le quedaban destruir Berlín: si no podía ganar la guerra consideró que lo mejor para su imperio era que compartiera con él su destrucción personal. Similarmente, la terrorista familiar, perdiendo o habiendo perdido su supremacía, procurará traer la ruina (y en casos extremos la muerte) a los otros miembros familiares.

La terrorista familiar, como el terrorista político, está motivada por la consecución de una meta. En los intentos para "desarmar" a la terrorista, es de vital importancia que el terapeuta comience su intervención intentando identificar y comprender la meta de la terrorista.

Como en el caso del terrorista político, el origen de la meta de la terrorista, puede provenir de algún agravio "legítimo". La legitimidad del agravio podría ser considerada en términos de sentimientos justificados de indignación en respuesta a una injusticia o agresión actual, o la legitimidad podría existir únicamente en le mente de la terrorista. Si esta legitimidad es real o imaginada, el agravio es el punto inicial de la motivación de la terrorista. Un signo distintivo de una terrorista emocional es que esta motivación tiende a ser obsesiva por naturaleza.

¿De dónde proviene esta obsesión? ¿Por qué representa un impulso tan poderoso? En muchos casos, el agravio actual que manifiesta la terrorista contra el esposo tiene muy poco que ver con él. Aunque la terrorista podría ser consciente únicamente del agravio que el esposo le pudo hacer, el dolor de ésta ofensa (real o imaginada) es, invariablemente, un eco del pasado, una recreación, un reflejo de una situación traumática de la infancia de la terrorista. No describiré con detalles los tipos de infancia que, consecuentemente, conducen a los diferentes tipos de terroristas. Sin embargo yo diría que, invariablemente, la infancia de la terrorista, una vez conocida, podría ser etiquetada como violenta (emocional y/o físicamente). También, invariablemente, la terrorista podría ser considerada como una persona "propensa a la violencia". Defino a una mujer propensa a la violencia como una mujer que quejándose de que ella es la víctima inocente de la malicia y de las agresiones de todas las otras relaciones habidas en su vida es, de hecho, una víctima de su propia violencia y agresión. Una violenta y traumática infancia tiende a crear en el niño una adicción a la violencia y al dolor (una adicción en todos los niveles: emocional, física, intelectual y neuroquímico), una adicción que empuja al individuo a recrear situaciones y relaciones caracterizadas por más violencia, más peligro, más sufrimientos, más dolor. Así, es principalmente el dolor residual de la infancia, y sólo secundariamente el dolor de la actual situación familiar la que sirve como el ímpetu de la motivación de la terrorista. Hay algo de patológico en la motivación de la terrorista, porque está basada no tanto en la misma realidad como en una visión torcida, una distorsión, una recreación de la misma.

Como la terrorista emocional es una persona propensa a la violencia, adicta a la violencia, las acciones de la terrorista deben ser entendidas como las acciones de una adicta. Cuando la familia estaba junta, la terrorista encontraba satisfacción para cualquiera de sus insanas apetencias y adicciones. Cuando la familia se disuelve, la terrorista se comporta con la misma desesperación, la misma obsesión, el mismo simple objetivo de cualquier adicto enfrentando o sufriendo el síndrome de abstinencia.

La simplicidad de su pensamiento y la parcialidad de los sentimientos, son ,quizás, el sello más importante de la terrorista emocional. Más aún, la magnitud de esta unilateralidad es, para el terapeuta, quizás, la mejor medida e indicador de hasta dónde pueden llegar a ser de extremadas las acciones de la terrorista.

Cualquier persona que padece una situación familiar desgraciada, o atraviesa por la ruptura de una relación o de un matrimonio, sentirá algún tipo de dolor y desesperación. Una persona relativamente bien equilibrada, sin embargo, será consciente no sólo de su propio malestar, será sensible, en algún grado, al sufrimiento del resto de los miembros de la familia. (Por ejemplo, unos padres relativamente bien equilibrados cuando enfrentan un divorcio, estarán más preocupados por el bienestar emocional de sus hijos que por su propio dolor) No así la terrorista emocional. Para ella sólo hay una persona equivocada y una víctima, sólo hay una persona que sufre: esta persona es ella misma. La terrorista emocional sólo empatiza y siente su propio dolor. De esta manera la sensibilidad para empatizar sentimientos de la terrorista es narcisista, solipsística y, de hecho, patológica.

Como anteriormente decía, no intentaré detallar aquí los factores de la infancia que conducen a la creación de una terrorista emocional. Lo que es, sin embargo, evidente, es la limitada o inexistente capacidad para reconocer los sentimientos de los otros de la terrorista emocional, así la capacidad para entender las emociones y sentimientos, más allá de los límites del propio yo, fue atrofiada en momentos cruciales del desarrollo infantil, debido a una multiplicidad de razones. Posteriormente, la terrorista adulta elaborará relaciones que no serán, en algunos niveles, verdaderas relaciones sino recreaciones de los miedos infantiles, de los mismos escenarios, situaciones y guiones. Durante la relación, la solipsística terrorista no se comportará genuinamente en respuesta a las emociones de los otros miembros de la familia, más bien los utilizará para la recreación y puesta en escena del programa terrorista. Y cuando, finalmente, la relación enfrente su disolución, la terrorista será sólo consciente de su propio dolor, indignación y sentimientos no empáticos para los otros miembros de la familia y procederá de manera unilateral en la persecución de su propia meta, ya sea la reunificación, la ruina o la venganza. La perspectiva de la terrorista no está modulada por la objetividad. En lugar de eso, la terrorista vive en un limitado mundo de absoluto dolor subjetivo y enfado. Como la conciencia consiste, sobre todo, en el reconocimiento de los sentimientos de los otros tanto como de los propios, el comportamiento de la terrorista emocional puede, muy a menudo, ser descrito, virtualmente como un comportamiento sin conciencia. Es en esta falta de conciencia donde descansa el peligro potencial de la verdadera terrorista y, por otro lado, el grado de conciencia mostrado es una útil medida, en mi trabajo, para anticipar su destructividad.

Un factor adicional que hace tan peligroso a la terrorista, es el hecho de que mientras persigue su monomaniático objetivo, se siente estimulada por un sentimiento de omnipotencia. Quizás sea verdad que uno se imagina omnipotente cuando, en realidad, uno está en una situación de impotencia (como en el caso de la pérdida del control familiar cuando se produce la disolución). Sea cual sea el origen de su sentimiento de omnipotencia, la terrorista se cree imparable, sin las limitaciones impuestas por la conciencia o la empatía y cree que ningún coste (para ella o para los otros miembros de la familia) es demasiado alto para conseguir su objetivo.

La terrorista y sus acciones no conocen límites. (La estimación de la magnitud de su falta de límites representa el principal desafío de mi trabajo). En su intento de alcanzar la meta (o quizás mejor un "infierno retorcido" como una expresión más descriptiva y acertada) la terrorista perpetrará las siguientes acciones: acechará al esposo o ex-esposo, agredirá al esposo a la nueva compañera del esposo, telefoneará a los amigos comunes y a los socios del esposo en un intento de arruinar su reputación, fabricará cargos criminales contra el esposo (incluyendo la serie de denuncias por abuso contra los niños), escenificará intentos fallidos de suicidio con intención manipulativa, intentará separar a los niños del esposo arrebatándole la guardia y custodia, atentará, con actos vandálicos, contra la propiedad del esposo, asesinará al esposo y/o a los niños en un acto de venganza. De acuerdo a mi experiencia tanto hombres como mujeres son igualmente culpables de los comportamientos descritos más arriba, pero como el comportamiento disfuncional masculino es el que más comúnmente ha sido estudiado y descrito, la gente no llega a darse cuenta que las mujeres son igualmente culpables de esta clase de comportamiento violento.

Mi definición de un "terrorista familiar" o "terrorista emocional" es: una mujer o un hombre (pero para los propósitos del presente trabajo me refiero únicamente a las mujeres) el cual, patológicamente motivado (por tendencias irresueltas de una infancia problemática), y patológicamente insensible a los sentimientos de los otros miembros familiares, busca de manera obsesiva, a través de desaforadas acciones alcanzar una meta destructiva (y por consiguiente patológica) que implica a los otros miembros de la familia.

Por tanto, este perfil pertenece a individuos en diferentes grados. Mucha gente, infeliz dentro de una relación o infeliz por la disolución de la misma, podría presentar ocasionalmente periodos de comportamiento "irracional". Lo que caracteriza, sin embargo, a la "terrorista emocional" es que los comportamientos vengativos y destructivos son la norma; los momentos de calma y de lucidez son lapsos, momentáneos remansos de calma en medio de la tormenta.

También, hay mujeres las cuales, víctimas de una relación desdichada o después de la misma presentan un comportamiento más autodestructivo que dañino para los demás. Para la otra parte, que abandona a esta clase de individuo, el simple pensamiento de abandonarla se hace difícil e insostenible por lo frecuente de quejas absolutas del tipo "Yo no puedo vivir sin ti" o "sin ti yo estaría mejor muerta". Seguramente existen muchas mujeres extremadamente dependientes en sus relaciones , las cuales, probablemente sufrieron algún tipo de traición emocional durante su infancia, y que sinceramente sienten que sus vidas fuera de la relación serían solitarias e insoportables. Resulta difícil dejar a este tipo de mujeres , y los hombres que lo intentan pueden llegar a sentir que al dejarlas serían responsables de darle un golpe mortal a una, ya de por sí, pobre infeliz. Los hombres, muy a menudo quedan atrapados en sus relaciones , las cuales podrían ser consideradas como "campos de concentración personales", por el hecho de un sentimiento genuino de caballerosidad hacia su compañera. Las mujeres suelen poner mucho más de sí mismas en sus relaciones y, por consiguiente, sufren cuando sus relaciones fracasan.

Es una pregunta interesante si esta suerte de individuos con inclinaciones suicidas podrían ser considerados como terroristas emocionales. (Para mucha gente, sin duda, estos individuos serían clasificados en la categoría de "chantajistas emocionales). Creo que , lamentablemente, hay gente, profundamente dañada durante su infancia que ciertamente no puede afrontar la vida por ellos mismos. Cuando trabajamos con estos casos potenciales, sin embargo, tratamos de hacer entender al compañero que quiere dejar la relación que las inclinaciones suicidas han estado presentes en la relación durante muchos años, y que pese a lo trágico de la situación, una persona no puede ser considerada responsable de proteger a otra persona de por vida. En algunos individuos, la auténtica (aunque insana) añoranza por la muerte es un deseo enraizado en ellos desde la más temprana infancia, y en estos casos, es muy poco lo que un compañero puede hacer para alterar el aparentemente inevitable curso de esta pulsión.

Entre las verdaderas terroristas, sin embargo, las amenazas de suicidio pueden ser consideradas, en gran parte, como tácticas dentro de un rol manipulativo. En resumen, la terrorista dice, " Si tú no puedes hacer lo que yo de digo, me mataré". Si el suicidio permanece como una amenaza o es realizado, el verdadero terrorista utiliza el suicidio no tanto como una expresión de una pena desesperada sino como un arma para ser empuñada contra otros.

En el trabajo con clientes que están luchando dentro de una relación o en un proceso de disolución de la misma, me he enfrentado con muchas cuestiones, todas relevantes para medir el potencial terrorista femenino: ¿Perseverará la mujer en sus intentos de arruinar financieramente a su compañero? ¿Es ella sincera cuando promete matar a su compañero o de matarlo si se implica en una nueva relación? ¿Son las amenazas de suicidio sinceras o manipulativas? ¿Llevará adelante sus amenazas de utilizar la ley para "secuestrar" a sus hijos para lastimar a su compañero? ¿Lavará el cerebro de los niños hasta el extremo de que su ex-compañero no se atreva a formar una nueva relación?

El terrorismo emocional no es un tema confinado al contexto familiar. Conozco una exitosa mujer en el mundo de las bellas artes. Esta mujer ha sido perseguida por una antigua asistente suya la cual, vicariamente se imagina a sí misma como la misma escritora, viste como ella, la acecha y hace manifestaciones publicas en las que afirma que ha sido ella la creadora de las obras de arte por las que la escritora es internacionalmente famosa.

En situaciones de terrorismo emocional y familiar, hay dos áreas susceptibles de ser abordadas. Medidas prácticas de protección ("estrategias de supervivencia") para una parte de los miembros de la familia, y el trabajo terapéutico con el mismo o la misma terrorista. Debo reiterar, en esta fase, que tanto los hombres como las mujeres son capaces de tácticas terroristas pero que los hombres tienden a comportarse de una manera más violenta físicamente dentro de la familia. Las mujeres, como he mostrado utilizan más a menudo tácticas sutiles, por ejemplo, tácticas de la terrorista opuestas a una guerra abierta y clara.

El primer paso, por parte de los otros miembros de la familia, para limitar el potencial destructivo de la terrorista consiste en comprender que la terrorista es una terrorista. En un caso reciente, el Sr. Roberts me describía cómo, durante su matrimonio, él y sus hijos se enfrentaban a diario con la violencia de los abusos verbales de su mujer. La Sra. Roberts también era violenta con los niños. Ahora que él ha solicitado el divorcio, ella está haciendo uso de todas las armas de su arsenal. En presencia de los niños ella ha tomado drogas y bebido alcohol hasta el punto de la intoxicación extrema. Ha escenificado intentos infructuosos de suicidio en presencia de los hijos; ha amenazando, por teléfono, con "hacer una estupidez"; ha prometido matar a la nueva compañera del Sr. Roberts, y ha asegurado al Sr. Roberts que cuando ella acabe con él, no le quedará ni un penique a su nombre. Al Sr. Roberts este tipo de comportamientos le parecían perfectamente normales. Después de todo él había presenciado esta clase de conductas durante los trece años de su matrimonio. Cuando le sugerí que "lo que tú has padecido es terrorismo emocional", repentinamente, y por primera vez, fue capaz de ver su situación con claridad. En ese momento, el comprendió que el comportamiento de su esposa no era ni apropiado ni aceptable. Ese tipo de comportamientos no son los que ningún hombre podría esperar de su mujer ni dentro ni fuera del matrimonio. No, ahora el Sr. Roberts no desea que sus hijos sean sometidos por más tiempo a tales comportamientos extremos. En una primera etapa resulta esencial el hecho de reconocer a la terrorista.

Ya que la terrorista viene estimulada por un sentimiento de omnipotencia y está dispuesta a comportarse sin límites de ninguna clase (usualmente animada por alguna terapeuta feminista que insiste en que sus clientes sufren de "baja autoestima") deben tomarse medidas prácticas para definir claramente los límites del comportamiento. Resulta desafortunado que la situación legal de muchos mandatos de acuerdos de divorcio quede abierta. Ciertamente, cuando ambas partes de un divorcio son razonablemente equilibradas, es completamente ajustado al acuerdo ser lo suficientemente flexible para considerar circunstancias cambiantes tales como los aspectos financieros, la custodia de los niños y los derechos de visita. Sin embargo, cuando uno de los litigantes en el divorcio es un terrorista emocional, los procedimientos de un divorcio contencioso y los acuerdos abiertos ofrecen infinitas oportunidades para que los tribunales, abogados y la corte de psicólogos llamados a las evaluaciones, sean utilizados como armas por parte de la terrorista. En estos casos, los tribunales y los procedimientos de divorcio proporcionan un marco sin límites a la terrorista; más aún, todo ello permite, a la terrorista, continuar su comportamiento desaforado.

Por esta razón, cuando se está lidiando con una terrorista emocional lo mejor para el proceso de divorcio es que la sentencia sea tan rápida, acabada, absoluta e inequívoca como sea posible. Muchos de los profesionales y abogados que trabajan con divorcios están familiarizados con clientes descritos como "litigiosos". Únicamente cuando la "litigiosidad" es vista como una manifestación de terrorismo el proceso de separación puede ser conducido rápidamente hacia acuerdos legales precisos.

Para limitar los sentimientos de omnipotencia de la terrorista hay muchas medidas efectivas. El principio fundamental , con en el manejo de los terroristas políticos, debe ser: "No se negocia con terroristas". Las llamadas telefónicas inacabables, las conversaciones, los enfrentamientos, los intentos de "volver juntos", la correspondencia, las visitas, los gestos de apaciguamiento y los esfuerzos para aplacar las demandas de la terrorista, todos sirven para reforzar la creencia de que ella está consiguiendo algo. Únicamente una actitud de firme resolución demuestra a la terrorista que su poder es limitado.

Más aún, para cualquiera que trate directamente con la terrorista, las palabras de refuerzo, "elevadoras de la autoestima", las "caricias" y las consolaciones son, lamentablemente, contraproducentes. La Sr. Roberts encontró pronto una terapeuta feminista para apoyar de manera acérrima la creencia errónea de que "todos los sentimientos (y por consiguiente los comportamientos) son lícitos". Así, le fue dicho, por esta terapeuta, que tenía derecho a sentirse y a comportarse de cualquier manera que eligiera, en un alarde de desalmada indiferencia por la devastación infligida a los niños. Tales afirmaciones únicamente sirven para reforzar la ya patológica, solipsística e infinitamente autojustificada perspectiva de la terrorista.

Para afrontar la segunda etapa de desarme de la terrorista -la intervención personal con la propia terrorista- el terapeuta debe estar preparado para ser franco, honesto y directo. En mi trabajo con mujeres terroristas he encontrado que, algunas veces, algo bastante simple puede aplacar a la terrorista: "Te estás comportando como una terrorista. Eso es lo que tú estás haciendo. Así es como estás siendo tú de destructiva. Esta es la destrucción hacia la que te diriges", y la terrorista, viéndose a sí misma claramente, por primera vez, podría tener el valor de reconsiderar su comportamiento. Sin embargo, lo más común es que sea necesaria una profunda terapia. Para conseguir que el comportamiento de la terrorista cambie, primero debe haber un cambio firme y radical en la constitución psicológica de la terrorista. Muy a menudo este cambio sólo puede lograrse a través de una investigación profunda y una resolución de los traumas de la temprana infancia para que la terrorista pueda comenzar a conseguir una percepción real, verdadera y consciente de su propia situación actual.

La intervención directa con una terrorista -como cualquier forma de intervención terapéutica- sólo puede esperar conseguir cambios si el individuo posee el correspondiente deseo de cambiar y todavía dispone de la inefable cualidad vital del "impulso hacia la salud". Cuando el "impulso hacia la salud" ya no existe, el cambio podría no producirse. Si la terrorista no puede o no desea cambiar, únicamente se puede ayudar a los otros miembros de la familia a ser resueltos, fuertes y, cuando ésto sea posible, a mantenerse alejados. 

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